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Una flecha hace años
cayó en mi pecho,
no se hace cuantos
sólo se que hoy canto
a la luna llena de media noche
y mi alma entre el jardín y el rocío
de la noche, miran con reproche
la quietud, la pena de los rostros
que se alejan del camino enamorados.
Las rosas crecen con espinas que
se clavan en mi ser
que encantan y echizan, me hacen
deambular como el viento en otoño
sigiloso expectante de deseo y de amor
entre las sombras.
Sí, el ángel me ha marcado con su flecha
y para ti escribo hoy, para llegar a tu
silueta,
ceñirme entre tu sombra
sobre la hierba de el bosque
oscuro.
Llenas mi vida y me quitas el orgullo;
son lágrimas silenciosas en tardes agotadas,
es sangre de mis venas que queda derramada.
El pasado solitario se reune en los olvidos
y en alguna fecha futura se acabaran las ataduras.
Ahora por ti siento amor y se acaba mi dolor...
"Después de meses sin escribir hoy he encontrado a un Amigo que me incentivo a
volver a escribir."
Me quedo con mis días, entre las noches ardientes de la carne,
de la sangre y el umbral de mis temores....
Son mis últimos pasos que se escuchan despertar,
en el medio del deseo se han de clavar estas palabras,
pasajero errante estático y colapsado despierto desde
el polvo, de la arena y de la tierra al borde de "Delirio"
el colapso maldice mi pensar en un año estremecido
por sucesos perentorios.
Camino queda mucho, lo recorro junto a vos,
la desdicha va conmigo en la calzada solitaria,
en la avenida se escucha el pequeño vendaval...
Argumentos tengo muchos. Sí he gemido tantas veces,
te he pensado olvidar. Apartaste de mi vida humanista,
la lectura universal...
Me conviertes en pasajero de un libro estremecido
estallidos de mi mente son los pasos que voy dando
entre versos que me alejan del deseo de sentir de la
Muerte poética que incita a escribir.
Enigmas encerrados en pensamientos que
se tejen y entrelazan al mirar estas palabras.
frente a mi, astillas despedazan la esperanza que
atrae este espacio, son los versos las
palabras que escribo y van de paso...
He despertado de un silencio,
es un amor seguro el que me brindas
es un conjuro que despierta mi sentir,
el pensamiento entre la sangre que destilan
nuestras venas, observo tu humanidad y mis
labios te desean con dolor y ansiedad.
Tomaré entre el deliro de tus besos los suspiros
de la carne, robaré de vuestras almas el placer que
esta en la sangre.
Desvestiré tu piel desgarrando el pudor entre gotas
del roció me bañaré con tu sudor.
Besaré tu ser, te haré sentir
mujer, no tendré piedad al quererte
no me detendrá la muerte.
Yo viajaré por tu cuerpo llegando a tu vientre
inocuo.
Que mi lengua recorra cada margen,
cada curva destilando la pasión
acelerando el corazón...
Me convertiré en el pasajero de tu cuerpo
al ritmo del un dos, al vaivén de tus caderas
que me han de despertar.
Errante es la ternura destilada en nuestros brazos,
con los besos y el deseo ardiendo por la piel.
Mi Dios esta maldito. Y mi alma pécora te devora
en las miradas que se clavan en la pupila de un
perplejo azul que improvisa este cielo...
Como la melodía de un humilde
gemido frenético olvidado. Su
boca malvada me atormenta
y conjura;
Candente de deseos exquisitamente
violentos y rítmicos, su lengua en cada beso
me domina...
Es un alma pécora, una mirada fría y distante;
deseante son sus manos, las que recorren mi cuerpo
llenas del candente deseo peligrosamente bajan,
por mis caderas llenando de pecados mi alma
hereje, incrédula y safía.
Existencia bendita de orgasmos
exquisitos que freneticamente en un vaivén de caderas,
de movimientos suaves convulsionan nuestros cuerpos
fecundos en el lecho...
De tu boca escucho salir el rugido, un gemido, hipnótico
como canto de sirenas, es tu religión la que encandila
y me llena de recuerdo que hacen llorar que están en
mi cabeza, que me hacen escapar estallar en sensaciones
que al sentir tu cuerpo y aroma no puedo
calmar...
Ahora bien; tus labios, tu mirada, y tu cintura me arrastran
a la locura cada noche.
Sabes que eres cautivante administras tu encantos y me cubres
con tus velos sepulcrales y silencio senil armónico.
tu red recolecta los peces cada noche. Y yo quien seré ¿la sombra
de una historia?, de un minuto de tu fe quien mitiga tu placer...
Te seguiré creyendo, te seguiré buscando.
Si creo en la santísima trinidad, en tus caderas, tu mirada,
en tus labios y tu boca, en el sublime deseo en el te amo
que pronuncias con dulcura que se vuelve dictadura...
Escarbo los ultimos atardeceres,
escucho crujir en el crepúsculo
los lamentos de las tardes invernales;
el gran latir de un cardiaco agitado
por sus formas, entre arrugas del peñasco
hacen sentir las trompetas de la desgracia
acusatoria acumulada en los años de la culpa.
Sobre toda la porfía de mi vida, caerán las visiones
y el pecado que llamea en su imagen, en sus curvas
que despiertan aún sensaciones, de juventud ancestral
en la cual todos los años carecen de sentido por el
pánico del destino inmaculado; Carecen de dirección,
carecen de voz tus gemidos entre el dulce sepulcro
y la lapida de de mis años.
Ahora bien te veré en mis infiernos, seré el culpable de mi
vida , de no haberte escogido; seré yo quien te desprecie y
ponga años al olvido.
En la eternidad mi poesía, será religión, será partido, militancia,
critica y alabanza.
Pero quien domina sino la hembra con sus caderas los sentidos, con
su cuerpo y sus vestidos, el aroma de sus cabellos nos devasta
y nos excita; El vino exalta los sentidos, se burla de mi vida...
Una copa de mi vida me alienta escribir en este universo
algunos versos, ya cansado de sentir la inmortalidad de las
palabras, me hacen renovar la argolla en mi mano, como
quién renueva sus votos, provocando añoranzas, iré a misa
los Domingos para entender el paso de la era, aumentando inviernos
sobre inviernos recuerdos de la infancia, de las
hembras que pasaron por mi vida y mi crianza antes
de envejecer...
El vendaval había comenzado un par de horas
atrás, el viento azotaba la ventana y tu no venias.
el reloj agota mi conciencia, en el frío de este pueblo,
mientras a ratos la tierra se estremece, ¡ no deja de temblar!.
Se me agota la dosis de cigarrillos y café que tengo en el velador.
No habrán segundas partes una vez me dije...
¡Y ahora tu llegas a buscarme!, para estar esta noche junto
al calor de mi cuerpo. ¿Qué puedo pensar?.
Agonizan mientras te miro horribles momentos en mi pecho
ido el deseo latiendo de euforia, mi cuerpo pide estar entre tus piernas,
sin inmaginar cada segundo previo a tu llegada.
Ahora bien con la mirada fría de los amantes, sentados en el suelo
frente a la cama desolada, nos dijimos será la ultima vez que nuestros
cuerpos estén juntos, sin palabras nuestros ojos lo decían...
Ahí se dejo ver el orgasmo agonizante e interminable que maldijo
mi pielde tu esencia esa noche.
Sí tu apuñalaste mis sueños sin sentido de una vez rasgando las arterias
y como un puñal que desangra, desbordaste de mi el placer que buscabas
beber esta noche fría y lluviosa.
Ahora bien me das la espalda, hay silencio en el ambiente; No me arrepiento
de tenerte de esta forma tan limítrofe, mientras tu te vistes para decir el adiós
yo mi rostro sin expresión y con desazón miro en el espejo...
Vigilante en el pasado
desprendido como el tornado
escribiré mi nombre con la marca
de un nuevo año;
Hasta mas no poder,
en mi rostro inmóvil y perplejo,
cerraré el capitulo pasado en el
presente que me queda descrito
en las letras y vivencias de la red
y experiencia ...
El cielo se oscurece al amanecer en la gris
humadera incierta construida al paso
invisible que marca mis pisadas
¡y mis ojos! ¿qué han de ver en este ciclo?
Noches deseantes de mujeres en el candor de la
inocencia que a todos os fascina.
Es el ciclo natural el vuelo de las aves, el cambio
de vivencias, el día que nace, la muerte la experiencia.
Demasiado lo sabía que se trataba de instantes de dicha
elevado como el águila era yo quien debía entender que los
ciclos han de cambiar y el incipiente contacto con el mundo
me harán cambiar de condición;
Entre la demencia senil que me hace olvidar, a cargar sobre los
hombros los bastones de protestas que esconde en el lívido
deseo de tenerte otro otoño...
Toxico es el pensamiento que yo oculto en tempestades de los
bosques que cubren la vida, mi rencor en la ira de los cambios
naturales que experimento.
Al exhalar se eriza mi piel en espera de tu cuerpo volveré a
renombrarte y pondré precio a estos años...
Pdta: Escrito en mi cumpleaños.
Sumergido e inmerso en los azares de la muerte,
veo pasar el tiempo, veo correr el silencio,
la santísima trinidad negra que me marca con júbilo.
La soberbia sagrada que no deja olvidar, volveré
a los principios del orbe, el cuerpo será inerte y la vida
me hará fuerte.
Transcurriré, en los enigmas de la soledad, me sentaré atrás
y veré envejecer a los demás, en el olvido recordando el
mañana, entre la eléctrica compañía, de un radio a todo el volumen;
Arrasando por los sueños, veré venir tu aliento, me alejaré de la esperanza,
comenzar la danza será en vano, si el el olvido es la ceniza
de los días que se han ido...
musitando una plegaría, un himno, un padre nuestro que han de traer sabiduría
vendrán las visiones de los años ya pasados de los viajes y de amores olvidados
¿Quién retribuirá el tiempo desquiciado que hace envejecer en los demás?
aún sin estar marchito yo seguiré intacto e inerte.
Tu cumplirás con la lejana esencia exorcizando el recuerdo, olvidando...
Calla, siéntate a escuchar que después en gritos y gemidos retornará
la histeria del deseo,
por la muerte que ha olvidado el placer de nuestros cuerpos;
Abolirás de mi cuerpo el deseo de tenerte al llegar a la adultez,
y conocerás el limite de la vida sin la identidad,
desnudos nuestros cuerpos verán envejecer a los demás...
Se desprenden de mi cuerpo caricias para ti,
sollozando en mi hombro hablaras de lo imposible,
porque lo posible todos lo conocen.
Y Yo estaré envejecido y olvidado en tu memoria día a día,
perderé mi identidad como el que duerme para siempre
en el alzheimer o la amnesia, callado y desquiciado
entre los estériles momentos que fecundan estas tierras;
Me ceñirás con tus piernas sólo una vez, y me miraras sólo esta vez
antes que la luz extinga el día, porque yo ya no estaré en tu carne,
viendo envejecer a los demás que se pierden en horas de penumbras,
entre rocas que están frías y con toda la porfía envejezco en tu memoria
que ahora me olvida y me hace historia...
Un cirio encendido me guía
hacia el camino despega,
la muerte y la suerte incierta
que invalida con mesura,
arrepentimiento impetuso
desafiante que unges mi cabeza
con el aceite sagrado de los lobos
con el tinto vino de esta copa trizada
como la soga que ahorca y
balancea como a un niño en su cuna
adormecido y aturdido;
Es mágica la infancia y los Dioses
de las religiones griegas,egipcias,
paganas, católicas y cristianas
no han de entender el rito problemático
que mítico se vuelve en la capital Metropolitana
Si se ven cabalgatas juveniles en una ráfaga de
crepúsculo amarillo.
Es Abril no soy chiquillo. Asolado junto a mi
guitarra que gime como en celo y solloza en cada
nota perdida en este tiempo, que rebota aventurada
con deseo de mujer recién casada e infinita ven y alumbra
a la mujer de mis sueños...
Soy fantasma en tu pasado, fui quien descubrió eternos
secretos de tu vida, en la inmensa sabiduría de las noches
yo fui tu aprendiz quien despierta la edad adulta y es feliz.
En un grito de desesperación ante los ancestros
de la penumbra ermitaña se confunde el deseo
y el poder que engaña, para tener el oculto universo
a mis píes, rendirme en los orgasmos de tu cuerpo
yacer en tus ojos mortales, en deseos carnales y
alejarnos de los conjuros de brujos y sus males...
Nacido en pueblos de pánico
y locura se entierran las angustias
de un día de reencuentros en
botellas de vino Dios en el
cielo negro se esconde,
perdimos los heroicos momentos
que marginan nuestro ser...
Como una flor marchita te recuestas
en esta tierra, mientra la angustia perdura
y con el sol de medio día caemos en locura.
Niña melancolica de final de historias,
de novelas de infancia, despierta entre
mis brazos.
veo tu cintura, tu mirada de asombro
entramos a una danza, siento el calor
de tu regazo mientras nuestros cuerpos
se funden y con las miradas nos hacemos
pedazos...
Pero que es el asombro del reencuentro,
si hay asombro ciñendo nuestro interior,
que cae por los cabellos de los años
¡No son canas, son antiguas experiencias
que nos marcan!.
Estás como la roca volcánica en erupción
ardiente de deseo de la eternidad que resucita
de entre los muertos, los perdidos, pero el
sentimiento existe desde siempre niña mía...
El reencuentro nos incita a perder la razón
y caer en la tentación, sucumbir entre las palabras
y cantinas.
Dionsíacamente nos perdemos
en alabanzas paganas, dos botellas
de vino tinto han de saciar nuestras ganas.
Somos carne, somos sangre, somos hanmbre
de experiencia, somos el reencuentro sentado
en el sepulcro del pasado, somos la vivencia;
ahora sólo somos el recuerdo del amor
la adolesciencia...